Si bien casi toda mi vida he sido una persona compleja pero por demás resuelta, hay cosas que me ha costado mucho resolver.
Dentro de esas cosas estaban las invitaciones y los eventos. Para mí eso de ir o no a alguna parte solía depender casi en su mayoría de si contaba o no con alguna buena amiga que quisiera ir conmigo, incluso en varias ocasiones confieso no haber asistido a ciertas actividades por no saber si contaba con alguna buena compañía durante el evento.
En varias ocasiones me tocó asistir sola a otros, pues no había otra opción, tenía que ir, por “a” o “b” motivo mayor a mi negativa.
Este año tuvo que ser.
Este año, para la pascua, cumplí seis años de pertenecer a la PJ.
Para esta fecha, los niños lindos de Eolian realizaban un concierto con el fin de celebrar la llegada de la Pascua. Yo de verdad quería ir, de verdad que sí, pero aun cuando lo intenté, todas mis posibles y acostumbradas compañías no me acompañarían, cuando finalmente consigo quién faltando menos de media hora para salir, me canceló.
Qué mal que me sentí!, tan emocionada que estaba!, pero ni modo tuvo que ser así!
Ahora empezando la Pascua, estaba triste, enojada y decepcionada y sin concierto; decidí salir de casa “a caminar”, en ese momento eran las 6 pm, había caído ya la noche y yo simplemente caminaba afuera de la casa.
Llegué al cruce de la entrada de la urbanización, tenía 5 posibles opciones:
- Ir al parque de mis amores y sentarme allí sola, a pensar, tomar agua, tal vez escribir y calmarme.
- Tomar un bus hacia mi casa.
- Tomar un bus e ir al concierto o a otro lugar yo solita.
- Regresar a casa de mi mamá y quedarme haciendo nada o viendo tele o en la compu, pensando tal vez en todo y nada a la vez.
- O quedarme simplemente allí en medio del cruce de todas las opciones posibles en medio de la nada.
Finalmente decidí romper una banda que me ataba y negarme a que simplemente por una causa tan niña, se me opacara la fiesta de la Pascua y me perdiera el concierto.
Tomé el bus y fui al concierto, el cual disfruté demasiado, en compañía de muchos y muy buenos amigos, recibida por cálidos abrazos que me felicitaban, sin saberlo, por estar allí.
Tuvo que ser, esperar casi 23 años para acabar con ese delgado hilito atado a mi patita.
Tuvo que ser, un concierto de amigos para celebrar la vida nueva, la ocasión perfecta.
Tuvo que ser la Pascua la que me ayudara a enfrentar mis miedos, desde los más grandes hasta los más pequeños.
Sé que cuando ellos lean esto algunos pensarán: oh Chibi! Otros dirán: qué cosi! Y otros se asombrarán de ver que tan niña y absurda puedo ser, pero sin ellos mi vida sería diferente.
Que dicha que tuvo que ser, el conocerlos.
Ya pasaron varios meses desde que celebramos la Pascua pero yo doy gracias a Dios por ser Él, por resucitar, por rescatarme a mí aun en lo pequeño y por darme a los maravillosos amigos con lo que hoy cuento, que sin importar que tan lejos o cerca están y que tanto sepan de mí o que tanto nos veamos, hacen de mi vida cada día una nueva Pascua, una fiesta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario